De Petipa a Balanchine, el milagro del ballet. Una gala de esplendor en el Liceu de Barcelona

Gala de Ballet del Liceu
Por Carolina de Pedro Pascual — Domingo, 9 de noviembre de 2025.
Olga Smirnova y Jacopo Tissi en Diamantes, de Balanchine.Foto: www.sergipanizo.cat
Olga Smirnova y Jacopo Tissi en Diamantes, de Balanchine. Foto: www.sergipanizo.cat

De Petipa a Balanchine, el milagro del ballet. Una gala de esplendor en el Liceu de Barcelona

De Petipa a Balanchine, el milagro del ballet. Una gala de esplendor en el Liceu de Barcelona

La Gala de Ballet del Liceu, organizada por el Ballet de Catalunya en colaboración con el Gran Teatre del Liceu, ha sido un éxito anunciado.

Es imposible que tantos magníficos bailarines de diferentes compañías no logren el milagro de llenar una sala como la del Liceu cuando prometen interpretar bellos pas de deux —en este caso, desde Petipa hasta Balanchine, sin olvidar a MacMillan y Cranko.

Acompañados por la Orquesta del Gran Teatre del Liceu, bajo la batuta de Andrea Quinn, la gala gustó muchísimo al público, que colmó por completo la sala.

La tarde comenzó con el pas de deux de El cascanueces, con coreografía de Valentino Zucchetti, interpretado por Liudmila Konovalova (Ópera de Viena) y David García (Ballet de Catalunya).
Una lástima: no tuvieron espacio corporal suficiente ante una coreografía rígida y cerrada. Konovalova es una bailarina maravillosa, pero en esta ocasión la propuesta coreográfica no le permitió desplegar toda su expresividad y talento.

Continuaron los más bellos pas de deux, como el adagio de Odette, del segundo acto de El lago de los cisnes, interpretado por Sang Eun y Gareth Haw, ambos del English National Ballet, —ella con unas líneas ideales para el papel—, hasta el pas de deux del Cisne Negro, a cargo de la estadounidense Chloé Misseldine y Joo Won Ahn, ambos del American Ballet Theatre (ABT): magníficos los dos. Sus trajes, hermosísimos en ambos casos.

Manon, creación de Kenneth MacMillan, anunciada por la bailarina Sarah Lamb (quien finalmente no bailó, sin que se informara al público el motivo, y desconozco quién tomó el papel), fue interpretada junto al bailarín Ryoichi Hirano, del Royal Ballet, con la hermosa música de Jules Massenet. Una lástima, ya que Manon es uno de los papeles más fuertes de Sarah Lamb.

También se presentaron otros pas de deux de desamor, como el de la étoile de la Ópera de París, Hannah O’Neill, junto a Friedemann Vogel, del Ballet de Stuttgart, en Oneguin. Ambos, delante del telón, recibieron una gran ovación.

El Ballet de Catalunya mostró todo su poderío con una pieza titulada Fast Avance, creada por Leo Sorribes y con música de Mason Bates.

Por momentos me parecía ver a Balanchine, en Rubies; por momentos, a Forsythe.

Un gran despliegue de bailarines tomó el escenario, llenándolo de energía, ritmo y precisión. Los movimientos, en ocasiones repetitivos —especialmente por parte de las bailarinas, que levantaban constantemente sus piernas en relevé—, aportaban una sensación de insistencia rítmica y cierta tensión escénica.

Dos obras con una música absolutamente mágica: Madama Butterfly, de Puccini.
La famosa aria “Vieni, vieni” fue transformada en un delicado pas de deux, bellamente interpretado por Yuriko Kajiya y Connor Walsh, ambos del Houston Ballet.

En ese mágico momento entre Pinkerton y Butterfly del primer acto —para quienes conocemos la ópera de memoria—, es imposible no cantarla por dentro y no emocionarse.

Y, por otro lado, la música de Tchaikovsky, tan bella, tan romántica, en Souvenir, interpretada por dos bailarines del Ballet de Catalunya, Elien Mäkelä y Paolo Calò, envolvía el escenario con su lirismo.

Entregados a la danza, se dejaron llevar por la emoción y la belleza del movimiento. También se trató de una pieza de estilo neoclásico, de impecable ejecución.

Souvenir de Florence es una obra impregnada de nostalgia y delicadeza, una de esas partituras en las que el compositor ruso deja entrever su alma más íntima.

Esta pieza fue interpretada en su momento por la legendaria Maya Plisetskaya, quien supo revelar en ella toda la profundidad y el lirismo del universo tchaikovskiano.

Olga Smirnova, primera bailarina del Dutch National Ballet (y ex primera bailarina del Bolshói Ballet de Moscú), bailó Diamantes, de Balanchine, junto a su partenaire Jacopo Tissi, también ex Bolshói y uno de los pocos bailarines extranjeros que ha alcanzado este puesto en la historia de la compañía.

Divinos los dos. Daban ganas de que hicieran la pieza completa. Entre la música de Tchaikovsky y los trajes creados por Karinska, que brillaban magníficamente haciendo honor a la obra, todo fue sencillamente perfecto.

Y para el final, el plato fuerte de la noche: un cierre a la altura de una gran gala, donde el virtuosismo, la belleza y la emoción se dieron la mano en el escenario del Liceu.

María Khoreva (Mariinsky Ballet), como Kitri, y Julian MacKay (Bayerisches Staatsballett), como Basilio, brillaron con luz propia.

Ella, deslumbrante, con la gracia y el fuego característicos de su escuela; él, elegante y seguro, con una técnica impecable y una presencia escénica arrolladora. Un final vibrante para una gala que el público celebró con entusiasmo y prolongados aplausos.

En cuanto a la organización de la Gala, si bien el resultado artístico fue excelente —gracias a los entregados bailarines—, algunos detalles podrían haberse cuidado más, especialmente en lo referente a la confirmación de los intérpretes y la comunicación con el público.

Sarah Lamb, del Royal Ballet, no bailó y estaba anunciada, pero nadie nos informó.  Tiler Peck, del New York City Ballet, anunció, dos días antes, a través de Instagram, que no vendría por prescripción médica —un anuncio de última hora que sorprendió a muchos espectadores.

Era una de las bailarinas que más deseaba ver, y más aún en su Tchaikovsky Pas de Deux. También habían estado anunciadas Isabella Boylston y Natalia Osipova, pero finalmente no participaron.

Aun así, el espíritu del evento, la calidad de los intérpretes y la emoción general hicieron que la velada quedara grabada en la memoria de todos los presentes.

María Khoreva y Julian MacKay — Don Quijote, pas de deux. Foto: Sergi Panizo — Gentileza del Gran Teatre del Liceu
María Khoreva y Julian MacKay — Don Quijote, pas de deux. Foto: Sergi Panizo — Gentileza del Gran Teatre del Liceu
Chloé Misseldine y Joo Won Ahn en el pas de deux del Cisne Negro.Foto: Sergi Panizo. Gentileza del Gran Teatre del Liceu
Chloé Misseldine y Joo Won Ahn en el pas de deux del Cisne Negro. Foto: Sergi Panizo. Gentileza del Gran Teatre del Liceu
Yuriko Kajiya y Connor Walsh en Madama Butterfly, de Puccini. Foto: Sergi Panizo — Gentileza del Gran Teatre del Liceu
Yuriko Kajiya y Connor Walsh en Madama Butterfly, de Puccini. Foto: Sergi Panizo — Gentileza del Gran Teatre del Liceu
Ballet de Catalunya — Fast Avance, creación de Leo Sorribes.Foto: Sergi Panizo — Gentileza del Gran Teatre del Liceu
Ballet de Catalunya — Fast Avance, creación de Leo Sorribes. Foto: Sergi Panizo — Gentileza del Gran Teatre del Liceu
María Khoreva y Julian MacKay — Don Quijote, pas de deux. Foto: Sergi Panizo — Gentileza del Gran Teatre del Liceu
María Khoreva y Julian MacKay — Don Quijote, pas de deux. Foto: Sergi Panizo — Gentileza del Gran Teatre del Liceu
De Petipa a Balanchine: el milagro del balletUna gala de esplendor en el Liceu Por Carolina de Pedro Pascual — 9 de noviembre de 2025
De Petipa a Balanchine: el milagro del ballet Una gala de esplendor en el Liceu Por Carolina de Pedro Pascual — 9 de noviembre de 2025

Carolina de Pedro Pascual

Body Ballet ® - Carolina de Pedro
La correcta danza clásica para adultos.
Danza clásica, elongación y estiramientos.
Desde 2003

www.bodyballet.es


Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies y Google Analitycs para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas, y de nuestra política de cookies, privacidad y RGPD ACEPTAR

Aviso de cookies